Nunca los booms han beneficiado a los marginales. Los poetas solo servimos para escribir versos y enriquecer las tertulias literarias como bufones a jubilados, a viudas o marginales añosos que viven del ocio. Distorsionamos la realidad y le damos el uso adecuado a nuestros ingresos: goce y licor.
Vivimos explorando la vida para renovarnos y utilizamos nuestra inteligencia, para generar nuevas propuestas estéticas, para el desarrollo del hombre y del mundo. El verdadero poeta no se pone al servicio de los violentos, pero es increíble que el poeta oscile entre el medio más exitoso, hasta la miseria absoluta. El poeta colapsa, cuando la realidad lo confronta.
La poesía no es única, por lo heterogéneos que son sus mundos y de ahí la diversidad de temáticas y de tonos en los versos. Cada autor genera un nicho en el mercado, como se expresaría técnicamente un editor.
